Camps & Tiscornia: Hacer buenos edificios para lograr un mejor negocio.

Estudio de arquitectura y desarrolladores, los creadores de la marca Quartier se afirman en la funcionalidad de la planta para lograr edificios eficientes. Las claves del éxito de una arquitectura que no admite riesgos.

Por Dardo Villafañe, ARQ Clarín

Podría decirse que la filosofía del estudio Camps & Tiscornia va a contramano de la que suele establecerse entre buena parte de los arquitectos y los desarrolladores: su premisa es ir del concepto arquitectónico al negocio, no a la inversa. Más específicamente, partir del diagrama de la planta como determinante del resto de las variables proyectuales -volumetría, vistas, orientaciones, ocupación del suelo-, para finalmente arribar al suceso comercial, despectivamente conocido como “negocio inmobiliario”. Fundado en 1984 por los arquitectos Luis Camps y Ramiro Tiscornia, el estudio empezó por pequeñas refacciones y obras menores, ascendiendo progresivamente a encargos de escala media y a proyectos residenciales cada vez más complejos que incluyen edificios entre medianeras, conjuntos suburbanos y torres en altura, con la saga de los Quartier como figura estelar. Su fórmula: “Hacer un buen edificio y, al mismo tiempo, generar un negocio rentable”, según definen los socios.Nota Camps Tiscornia, ARQ Clarín, Sole Comunicaciones, Tapa
El arquitecto Opi Mazzinghi -quien ingresó al estudio en 2000, al igual que su colega Mariano Tiscornia-, puntualiza la idea un poco más: “No sólo insistimos en la posibilidad de que la cuestión de mercado y la arquitectura no se excluyan, sino que creemos que una síntesis entre ambos es posible a partir de una práctica específica. Como sostenía Martin Heidegger, no se construye para habitar sino al contrario. Hay que pensar la esencia del habitar y en esa búsqueda definir el construir”.

La planta como axioma El camino del proyecto tiene para Camps & Tiscornia un principio cuyo desarrollo no es de carácter temporal sino lógico: la génesis surge de la planta, el elemento que se comporta como el ADN del proyecto que guarda el código genético del edificio. “Nuestra convicción parte de la fuerza de la planta -explican los socios-, que funciona como un esqueleto conceptual que sostiene la forma final del edificio, prefigurando la estructura. A lo largo del proceso, la planta debe permanecer, incluso resistir. Como dice la frase, una buena planta nos entregará al final del proceso una buena arquitectura”.

El recorrido proyectual sigue con un conjunto de mediaciones, que pueden ser internas -relativas a la evolución histórica y la influencia del contexto-, y las externas, cuyos pilares son: el sitio de implantación, los recursos y el mercado. El primero de estos condicionamientos externos procede del conocimiento exhaustivo del lugar donde se desarrollará. Según ejemplifican, los grandes edificios de vivienda, cualquiera sea su tipología, no se someten al entorno con la misma docilidad que una casa. También es una realidad que en una torre de varios departamentos por planta o en un condominio de doble crujía, el asoleamiento será desigual, lo que implicará que en el resultado final habrá unidades mejor orientadas que otras.

Desde el punto de vista del impacto urbano, explican: “Nuestra función es encontrar la mejor versión de la tipología que se adopta a cada lugar que la ciudad permite, a partir de la reglamentación vigente. No adherimos a la condena generalizada a las torres, quizás la tipología a la que suele apuntar la crítica por su supuesto efecto negativo sobre la ciudad”.

Pero el proyecto no termina con su definición sino con su materialización. “Esta fase final empieza desde los primeros tramos del camino -señalan-, ya que nuestros proyectos se conciben desde el inicio como materializables. Una materialidad que es física pero también económica. No se piensa una idea y después se ve cómo se construye sino que tratamos de pensarla ya construible desde el inicio. Por eso mantenemos una periódica revisión técnica de las obras , sobre todo por parte de los integrantes del estudio que tiene un perfil más acorde con esta realidad. Todos los proyectos conservan al mismo calculista”. Por otra parte, los socios creen que es fundamental que el proyecto tenga certidumbre a partir de un correcta ecuación de costos y una documentación ajustada.

Sin afanes localistas sino meramente prácticos, Camps & Tiscornia reconoce en el medio local a sus principales referentes, de los cuales Mario Roberto Álvarez, Roberto Aisenson y Ernesto Katzenstein son los nombres más conocidos. Además de los socios principales, el equipo de trabajo se completa con las jóvenes arquitectas Casiana Martínez Gálvez, Azul Giménez, Clara Palacios, Carolina Pereira, Carla Legnazzi y Julia Azpiroz.

HAGA CLIC EN LOS SIGUIENTES TÍTULOS PARA CONTINUAR LEYENDO LA NOTA.

Quartier Dorrego, una cuadra entera con la misma altura
Dos edificios paralelos, una plaza pública y un polo gastronómico
Una operación a gran escala en un borde urbano, cerca del río
Dos grandes torres que se integran a un antiguo hotel de Mar del Plata
Las claves del éxito de una marca

Diario: ARQ Clarín
Fecha de publicación:  24 de Julio de 2018.

Para ver la nota en tamaño superior o descargarla en PDF haga click aquí.

TODAS LAS PÁGINAS

También te podría gustar...